Mi intención original era aprovechar que
el día viernes 16 llegó a mis manos, como insinué la semana pasada, La ola muerta de Germán Marín, el tercer
volumen de la trilogía Historia de una
absolución familiar, una historia muy personal que abarca dos generaciones
de una familia chilena, englobando de este modo, desde una perspectiva muy
peculiar, prácticamente cien años de la historia del país. Quise leerla durante
la semana; comencé pero no alcancé a terminar. No quiero que se vuelva una
costumbre comentar fragmentos de libros así que decidí escribir sobre una obra
más breve, Escena de caza del peruano
Iván Thays, un cuento-novela de 100 páginas. Espero cumplir con La ola muerta para la próxima semana.
No
había leído nada de Iván Thays antes de Escena
de caza. Quise averiguar sobre él y para mi sorpresa - o, mejor dicho,
debido a mi ignorancia - al googlearlo, antes que su biografía en Wikipedia
apareció… ¡su blog! Obviamente me sentí en sintonía, al menos circunstancial.
Estuve hojeándolo (no se puede hojear un blog…), es muy prolífico, con
comentarios y noticias sobre escritores y sus obras. Para complementar digamos
que Thays fue incluido en la antología Bogotá39, que seleccionó hace un tiempo
según algún criterio a los mejores narradores latinoamericanos menores de 39
años, lo cual me hizo pensar en Alejandro Zambra, hecho más arbitrario de lo
que se puede pensar en un principio. Y por último, al ver una foto de Thays me acordé
demasiado de mi profesor de Historia Universal Moderna y Contemporánea, el maestro
Claudio Rolle. En fin, todo esto me hizo abordar Escena de caza de muy buen ánimo.
No
he dicho nada del cuento, ya llego. Me parece que es más cuento que novela
porque no hay divagaciones en los personajes, la historia es bastante acotada:
relata desde la perspectiva del varón el comienzo de la vida autónoma de una
pareja limeña, el cual coincide con un viaje por trabajo del narrador a España
en el que se embarcan ambos. El tiempo de la escritura es 1994, cuando Thays
tiene 25 años. Definitivamente es un escrito de juventud, y mientras más
joven se lea mejor. Tiene pasajes, a veces varias páginas, realmente melosos,
con reflexiones sobre el amor para toda la vida o la capacidad de los
enamorados de anticipar lo que están pensando. Es lo primero que llama la
atención y para alguien a quien le disgusten estos temas Escena de caza puede resultar de mal gusto, pero yo también puedo
ser bastante meloso y a veces disfrutaba esos pasajes, seguramente en virtud de
mi juventud. Me acordé de un cuento que escribí hace unos años y que ahora no
me atreví a releer que tiene pasajes muy parecidos. Hace poco, no me acuerdo
con quien, comentaba que encontraba difícil escribir sobre el amor de pareja
sin caer en la siutiquería (el Cancionero
de Petrarca, El amor en los tiempos
del cólera de García Márquez, la poesía de Borges, algunos pasajes de
Sábato, Neruda o incluso de Joyce). Hay excepciones, personalmente las
encuentro meritorias. En todo caso, volviendo a la obra, hay pasajes donde el
narrador abandona el discurso amoroso para ser más licencioso; pienso que en
este aspecto se aprecia otro rasgo del escrito de juventud: una escritura
mono-perspectiva, unilateral, sin dejar espacios a la sugerencia, especialmente
en lo que se refiere al protagonista.
Dejando
a un lado la trama, digamos que la prosa es amenísima, muy, muy cuidada. Sin
duda ya a estas alturas Thays debe haber leído de todo, no hay mejor escuela de
escritura que la lectura. Los saltos narrativos no son desequilibrados, la
extensión de la obra denota el haber hecho una elección por la calidad en
desmedro de otro fin al cual se podría haber llegado por obsesión, los
personajes son razonables. Existen además alusiones explícitas a otras obras
literarias y artísticas - películas, fotografías - pero que en ningún caso son
excesivas o hacen perder el referente de lo narrado. Hay veces que la
intertextualidad llega a tal punto que si no has leído lo que el autor tenía en
el velador cuando estaba escribiendo no entendiste nada; no, aquí me parece que
las mencionadas alusiones operan para enriquecer el desarrollo de la narración,
se justifican plenamente. Ya en mi libre ejercicio de lector me vienen a la
mente otras lecturas: Desayuno en Tiffany
de Capote – hay un personaje que me recuerda mucho a Holly - o la muy
posterior Chesil Beach de Ian McEwan.
Que la novia del narrador se llame Beatriz hace pensar indefectiblemente en la Divina Comedia de Dante, pero no estoy
seguro de que más sea una coincidencia que una alusión directa. Perdón por la
autorreferencia pero la semejanza con el cuento de mi autoría que mencioné
antes se prolonga hasta este aspecto: la protagonista de dicho cuento también
se llamaba Beatriz y no estaba pensando en la Divina Comedia.
En fin, espero que Escena de caza sea una lectura
propedéutica al resto de la narrativa de Thays (algunas de sus novelas han sido
finalistas de premios como el Herralde o el Rómulo Gallegos). Finalizo con otra
anécdota personal: esta obra llegó a mis manos cuando un amigo me la trajo del
Perú. No sé qué tan fácil sea conseguir otra de sus novelas, al menos en la librería Antártica sólo está disponible su última novela, Un sueño fugaz. Parece que
sigue vigente el sorpresivo cuadro que presentó José Donoso en Historia personal del “boom” en 1982:
para leer cosas nuevas lo mejor es viajar.
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