Navidad
es la fiesta de los niños. No hace falta ser un genio para comprenderlo, es
algo que está ahí: vacaciones - ergo, niños por todas partes -, Viejo Pascuero,
regalos, todo conduce a los niños. La literatura no escapa a esta directriz:
quise leer algo a tono con las fiestas y – no podía ser de otra manera – di con
una historia para niños: Canción de
Navidad de Charles Dickens (Inglaterra, 1812-1870).
El
argumento es archiconocido, explotado por el cine comercial de todas las
maneras imaginables: Ebenezer Scrooge es un viejo solitario, avaro y amargado
que no se alegra con la Navidad. Para esta fecha lo visita el fantasma de su
antiguo socio, Jacob Marley, quien está encadenado y le hace una terrible
confesión a su antiguo amigo: “No puedo descansar, no puedo detenerme, no puedo
morar en ninguna parte…”. Olvidó que “todo espíritu cristiano que trabaje con
amor en su reducida esfera, sea esta cual fuere, hallará que su vida mortal es
demasiado breve para el bien que hubiese podido hacer”. Marley quiere que
Scrooge no caiga en su mismo destino, por lo que le anuncia que recibirá las
visitas de tres espíritus más, los espíritus navideños. Lo que sigue en el
relato es la contemplación por parte de Scrooge de su propia vida, sus errores
y su posterior cambio de vida.
Es
una historia simple, al menos narrativamente. Es breve, la prosa es sencilla, al
punto que pareciera que se está escuchando a un cuentacuentos. Y la anécdota,
¿qué tantas lecturas resiste? Todo lo que se llama una alegoría, una fábula,
una moraleja. Un perfecto regalo para mis hermanas chicas.
Pero
no es bueno pasar tan rápido, que nos podemos perder nuestro propio regalo. Canción de Navidad, como la Navidad
misma, es un clásico. Pasa de generación en generación sin perder su encanto.
Por lo mismo es necesario apreciar que el mensaje mismo que se transmite es de
una sabiduría ante la que hay que detenerse. Hay menos ingenuidad y
superficialidad de la que parece. ¿Qué sabiduría se esconde tras la fiesta de
la Navidad? Yo la llamaría la sabiduría
de los niños.
Es
una sabiduría que podemos anhelar sin ningún miedo porque Dios mismo se hizo
niño. Al leer los relatos del Evangelio según San Lucas sobre el nacimiento del
Señor vemos que predomina el espíritu de la alegría: alegría por el regalo de
la vida, porque ha nacido un niño, porque María y José son padres, porque entre
nosotros hay un nuevo hijo. Que nadie
diga que no se ha alegrado, como un verdadero niño, por cosas tan cotidianas y
al mismo tiempo tan profundas como estas.
Dice
el relato bíblico que María “lo envolvió
en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue”.
Era necesario cuidar al niño, y sus padres le dieron lo mejor que le podían
dar. En este gesto de María y de José podemos apreciar el cuidado de Dios para
con los pequeños, o dicho en otras palabras pero siempre refiriendo a la misma
cosa, el cuidado de los unos hacia los otros. En Navidad reconocemos que todos
necesitamos de ese cuidado porque todos fuimos niños, porque nunca dejamos de
ser hijos.
Por
eso Navidad es, más que la fiesta de los niños, es la fiesta de los hijos,
porque todos , pequeños y grandes, nos reconocemos como hijos. Nadie queda
fuera de la alegría y de la misericordia que trae consigo la Navidad.
Cuando
Scrooge le pregunta al primer espíritu navideño el porqué de su visita, la
respuesta es contundente: “¡Tu felicidad!” Y cuando Scrooge piensa que podría
ser feliz durmiendo plácidamente, el espíritu precisa: “Tu conversión,
entonces…”
Ese
es el fin de la visita del niño Jesús, el mismo que de adulto dijo que el que
no se hacía como un niño no entraría en el Reino de los Cielos. Unámonos,
entonces, al coro de los niños que gritaban en el Templo de Jerusalén: “¡Hosanna
al Hijo de David!” porque nos ha nacido la Vida, porque se nos ha revelado que
todos somos hijos de un Padre común y por eso estamos alegres.
¡Feliz
Navidad!
P.D.: Así como las últimas semanas estuve fuera de Santiago, sin notebook ni internet, a partir del 28 de diciembre comienzo un retiro de un mes. Por lo mismo, estaré durante ese tiempo sin escribir en este blog - lo que no quiere decir que deje de escribir en absoluto, obviamente. Nos vemos en febrero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario