viernes, 4 de noviembre de 2011

Un affaire filosófico: El existencialismo es un humanismo de Jean-Paul Sartre


                Estoy a un mes de rendir mi examen de síntesis filosófica, un momento bisagra dentro de mi formación sacerdotal. Esto me ha recordado que también estudio filosofía. Y si bien tengo claro que lo mío es la literatura, no voy a negar que con la filosofía nos llevamos bien. Es más, a veces hay periodos en los que nos llevamos muy bien y pienso de manera bastante natural que podría dedicarle todavía más; pero bueno, Dios dirá que pasa y estas alturas para mí la literatura es un deber. Voy a utilizar una analogía que le leí hace poco a Vargas Llosa: con la filosofía me he pegado revolcones que me han hecho valorar mi matrimonio con la literatura. En fin, pido perdón por el exabrupto y doy por justificado el objeto del presente post: El existencialismo es un humanismo de Jean-Paul Sartre (Francia, 1905-1980), publicado en 1946.
                Este ensayo es  fruto de una conferencia que dictó Sartre en octubre del 45 en París, cuya transcripción devino en este librito (en la edición que leí consta de 52 páginas, incluidas las objeciones posteriores que los auditores hicieron tras la misma conferencia). Ha sido considerado la principal puerta de entrada - por lo breve y concisa - a la filosofía existencialista, si es que es posible tal cosa. Digo esto último porque, siguiendo a Leo Gabriel (Filosofía de la existencia, BAC, 1968), antropólogo austriaco, las variaciones del pensamiento existencialista son en sí múltiples. Como si para la diversidad no fueran suficientes las distintas perspectivas desde las cuales es posible abordar la obra de Kierkegaard, Heidegger, Camus, Sartre y Jaspers.
                Bueno, el punto es que yo también tuve mi propio acercamiento: los estudios de filosofía en el Seminario. En este contexto tuve la oportunidad de disfrutar de esas clases testimoniales del profesor Rolando Salinas, quien nos reconoció que la lectura de Sartre fue decisiva en su vocación filosófica; en efecto, el Maestro estudió en Europa y no solo leyó, como uno, sino que vivió lo que fue Mayo del 68. Pero nos decía algo más: que personalmente encontraba que de esta filosofía, la existencialista, con el curso de los años no iba a quedar nada. Esta opinión del profesor Salinas contrasta con quienes dicen que el existencialismo es la filosofía del siglo XX por antonomasia; quizás eso se puede sostener considerando su popularidad, pero en cuanto al aporte sólido a la historia de la filosofía, el profesor se queda con Husserl y Wittgenstein. Análogamente podemos mencionar la opinión del citado Gabriel, quien dice que la filosofía de Sartre es muy sugerente sobre el período histórico que se estaba viviendo (posguerra, Guerra Fría, etc.)
                Otro flanco de acercamiento, más conceptual y menos existencial (ja), fue el curso de Teodicea, disciplina que estudia la naturaleza de Dios a partir de la razón natural. Una etapa del programa es ver las críticas que surgen a la idea de Dios en Marx, Nietzsche y Sartre. En el caso de este último, en El existencialismo es un humanismo define su ateísmo como una cuestión de coherencia. Existen existencialistas (ja, ja) cristianos, como Jaspers o Marcel, pero Sartre encuentra que si la existencia precede a la esencia, y eso implica que no hay una esencia de hombre preconcebida para todos – salvo la libertad –, es más sensato prescindir de Dios. “El hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo”.
                OK, entendida la crítica a la idea de Dios, quien en estricto rigor no es tanto criticado sino más bien suspendido. Sartre también podría decir que no es él quien lo ha suspendido, es algo que viene desde la filosofía de la Ilustración hasta Nietzsche y, según Sartre, Heidegger. Pero encuentro sumamente llamativo que para justificarse apele a dos autores profundamente religiosos: Kierkegaard y Dostoievski. De este último cita sus palabras: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Sí, pero es una oración en condicional. La libertad como absoluto está enmarcada en una oración en condicional.      
                En El existencialismo es un humanismo se encuentran dos frases que se han vuelto los slogans de esta filosofía. El primero de ellos es que el hombre está condenado a ser libre (de hecho, es el epígrafe del título en la edición que leí, Folio). Pero esto es solo una consecuencia del otro presupuesto-slogan: la existencia precede a la esencia. Una vez que aceptas esa premisa como una verdad metafísica, claro que nos vamos por un tubo: no hay un plan preconcebido por nadie para ti, la libertad es tu único absoluto, puedes vivir como si Dios no existiera o, mejor dicho, que Dios exista o no es irrelevante ya que el sentido de la vida es aquel que tú le quieras dar. Sí, pero el punto es: ¿la existencia precede a la esencia? La dificultad de esta frase radica en que, por cómo está formulada, parece una cuestión temporal: primero existo, después le doy un sentido a mi existencia. Pienso que aquí está el enredo: esencia y existencia tienen una relación ontológica que trasciende la temporalidad. Mejor lo dijo Santo Tomás de Aquino: “La existencia es el acto de la esencia”.
                Con el tiempo se ha caído más en la cuenta de lo insostenible en el tiempo que era tal doctrina, además de las profundas interrogantes que suscita como sistema: ¿Por qué ese énfasis en la responsabilidad del hombre, si todo está permitido? ¿Cúales son los criterios últimos por los que se le debe dar sentido a la vida? No obstante, a pesar de cualquier aprensión a sus preceptos, por lo que nos contaba el profesor Salinas y por lo que uno puede apreciar de cualquier persona que cuente sus deambulaciones existencialistas de segunda mitad de siglo XX, Sartre y el existencialismo la llevaban. Hay que reconocer el atractivo de un personaje versátil que, además de filosofar, escribía novelas y teatro (mi esfuerzo por leer La náusea a los 15 años debe haber durado tres páginas, sin exagerar). No sé si perdurará su filosofía, pero habrá que seguir teniéndolo presente aunque sea para recordar lo influyente que fue un intelectual para las masas de una época. A propósito, una pregunta, que formulo con sinceridad y sin ánimo de criticar por criticar: hoy, ¿quién le aporta reflexión crítica a nuestras masas?

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